Aunque recibió un severo castigo en combate, la mayoría de los E18 fueron destruidos en tierra. Por otro lado, fue un excelente caza que también diezmó terriblemente a la aviación enemiga desde su aparición en 1917.
Muy buenos cazas y aparatos de observación y reglaje de artillería. Para 1930 apenas volaban unos sesenta 31A como aviones de reconocimiento. Algunos llegaron a incorporarles una cabina cerrada y se fabricaron versiones biplaza de entrenamiento que fueron ampliamente utilizadas hasta 1948. Dada su gran versatilidad y buen desempeño sobre el campo de batalla con incursiones de combate contra columnas enemigas a muy baja cota, su aporte fue esencial, sobretodo en la Franja de Sholst durante los combates de 1946-1947.
El B89V operó como caza durante los primeros años de la GGA, y a partir de 1944 como avión de ataque a suelo hasta el final del conflicto. Tuvo muy limitadas variantes y cambios poco importantes durante su desarrollo y operatividad. En 1948, apenas finalizada la guerra, fue desactivado y muy pocos ejemplares permanecieron en servicio apenas por un par de años más.
El sofisticado 9P, de lineas pulidas e innovaciones tecnológicas avanzadas para su época, no tuvo la misma intensidad de operaciones de bombardeo como sí tuvo el 39B, que se calcula que fácilmente superó en más de 40 veces la cantidad de misiones. El 39B poseía cuatro motores acoplados de dos en dos, con una potencia casi comparable a la del modelo 9P. Pero fue más ágil y simple en su mantenimiento, además de controles de vuelo absolutamente estables.