En todos los casos se trató de misiones absolutamente complejas y de gran riesgo. Posiblemente el 436S se hubiese manejado con más soltura por ser un avión diseñado para operar desde portaaviones, pero su diedro acentuadamente negativo le quitaba gran movilidad al ras de las olas. El 600P, también proyectado para la aviación naval, era un caza pesado que se volvía inestable a muy baja cota. Con respecto al 66F, si bien no fue proyectado para la armada, se adaptó a operar sobre el mar; su gran superficie alar le otorgaba estabilidad y a baja altura. Un manejo casi suicida era el que llevaban a cabo los pilotos del 62T ya que el caza, si bien de excepcional velocidad, se desestabilizaba con facilidad volando sobre agua, lo que le hacía potencialmente peligroso.

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