Pese a las condiciones climáticas sumamente hostiles del desierto de Sholst, donde aparatos diseñados para operar en este teatro tuvieron serios problemas, en el caso del 278D la fatiga y el deterioro fueron mucho menores de lo pensado. Probablemente un fuselaje y carenado compacto, estrecho y bien cerrado, supo resguardar sus sistemas al interior de forma casi hermética, el tren de aterrizaje simple y mecánicamente fiable, y filtros para los motores perfectamente acoplados de fácil limpieza y acceso.

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